madam charlie(joe y tu) mayores

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rock Re: madam charlie(joe y tu) mayores

Mensaje por MeLaNiA96 el Sáb Mayo 14, 2011 11:37 pm

yo estoi deacuerdo con yuyiii!!!
subeeeeeeeeee!!!!! Twisted Evil malo o bueno??

MeLaNiA96

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rock Re: madam charlie(joe y tu) mayores

Mensaje por yolandaporjoe el Lun Mayo 16, 2011 8:50 pm

Capítulo 13


"Gracias por acompañarme esta noche".
Joe hablaba calmadamente mientras acompañaba a ______ a la Sala de Lectura.
La cabeza de ella giraba de un lado al otro al supervisar los enormes estantes con libros
que se alzaban imponentes hasta el decorado cielorraso y le daban el nombre a la
habitación.
Varias velas titilaban en los candelabros de la pared, y las cortinas estaban bien
cerradas, debido a la lluvia que silbaba contra los vidrios de las ventanas. No era una
habitación grande, pero ciertamente daba la impresión de estar bien cuidada y bien
usada.
"Qué preciosa", sonrió ella.
"Me gusta. ¿Quieres un poco de jerez, o tal vez oporto?".
Él la condujo hasta una pequeña mesa donde había copas y jarras.
"Gracias. Un poco de jerez estaría bien".
La luz de la vela hizo que un arco iris de cristal destelle desde las delicadas copas
cuando ______ levantó el jerez hasta sus labios.
Los ojos de Joe siguieron cada movimiento de ella.
"¿Terminó con éxito la reunión de negocios?". La pregunta fue amable e imparcial.
"Sí. Aburrida como pocas, pero necesaria. Ya están aseguradas algunas inversiones,
y otras sujetas a consideración. Tenía que ir, pero me alegro de estar en casa".
Un agradable fuego crepitaba y se elevaba en el gran hogar y ______ se acercó a él,
atraída quizás por el señuelo de dos sillas de espaldar alto que habían sido ubicadas
frente a él.
"Veo que está listo para nuestra partida, Señor", dijo despreocupada, pasando un
dedo por el costado de la mesa.
"Realmente lo estoy, ______. Jugar contigo será un gran placer, estoy seguro".
El dedo se detuvo en su movimiento sobre el brilloso tablero.
"Confío en que no se desilusione".
"Contigo, imposible".
La respuesta fue firme e hizo que ______ levantara rápidamente la cabeza. Sus ojos
se encontraron por uno o dos segundos, luego él la hizo sentar frente a él y se estiró
para alcanzar un peón negro y uno blanco.
Con las manos detrás de él, Joe mezcló los peones, mostrando las manos
nuevamente, cada una de ellas encerrando un peón diferente.
"Las damas eligen. ¿Quieres elegir tu color?".
______ levantó la mano y tocó apenas el revés de la mano izquierda de él.
Joe abrió su puño y reveló el peón blanco.
"La dama juega con el blanco. El primer movimiento es tuyo, ______".
______ hizo un gesto de aceptación con la cabeza.
Joe tomó asiento frente a ella y los dos competidores se inclinaron para jugar.
El peón blanco hizo el movimiento inicial de costumbre, y fue eludido por una
igualmente acostumbrada respuesta del negro.
______ se inclinó un poco hacia la mesa, mientras analizaba su próximo
movimiento. Un caballo blanco se unió al combate.
Joe achicó los ojos, pensó unos instantes y luego movió otro peón.
______ respondió con otro peón más, sobresaltándose un poco cuando un tronco se
acomodó en el hogar. La lluvia golpeteaba contra las ventanas, acentuando el sonido.
Joe deslizó su peón diagonalmente y se apoderó del de ella. "Veo que tienes
experiencia en este juego, ______".
"Ciertamente la tengo, mi Señor. Mi padre me enseñó cuando era pequeña, y
siempre me ha gustado el desafío".
"Ciertamente demuestras tu predisposición a sacrificar las pequeñas cosas por la
persecución de metas mayores".
______ apretó un poco sus codos hacia adentro, haciendo que el valle entre sus
senos sea más profundo. "Espero que siempre sepa qué estratagema usar para obtener
la victoria, mi Señor".
La mirada de Joe bajó hasta los suaves montes que su escotado vestido dejaba
ver.
Él se movió en su silla.
______ permitió que su caballo quite al ofensivo peón negro e hizo que Joe la
mire con sorpresa.
"¿Por lo visto también crees en el juego agresivo?".
______ sostuvo el peón con ambas manos, haciéndolo girar hacia atrás y hacia
adelante, como calentándolo entre las palmas de sus manos. Ella se lamió los labios,
dejando un brillo húmedo sobre ellos. "¿Se puede considerar agresivos a ese tipo de
movimientos? ¿No es ganar el objetivo, sin importar qué estratagema se utilice?".
"Parecería que has puesto a mi peón en peligro", dijo Joe, inclinándose en su
silla y dejando que su camisa se abra sobre su pecho. "Eres una mujer bastante atrevida.
Especialmente cuando te dispones a ganar".
Los ojos de ______ se apartaron bruscamente del espectáculo de los sólidos
músculos de Joe, que reflejaban la luz dorada del fuego. La garganta de ella se
movió mientras tragaba en silencio.
La mano de Joe se estiró sobre la mesa y tocó la parte superior del caballo de
ella, haciendo un círculo, rozándolo con su uña y finalmente golpeándolo con el dedo.
Ella se inclinó hacia delante, acercando sus senos a ese dedo.
Sus pezones se endurecieron debajo de la delgada cobertura, sobresaliendo
orgullosamente a través de la muselina. "Me enseñaron que sólo la victoria cuenta, mi
Señor. Ningún sacrificio es demasiado grande".
Joe sonrió y puso su caballo en juego. "Estamos bien asociados aquí, entonces.
¿Ves cómo mis movimientos siguen tan de cerca los tuyos? ¿Quizás hasta se
corresponden? ¿Estamos destinados a seguirnos el uno al otro en el juego... de ajedrez?
¿A movernos juntos, al unísono, las dos mentes como una?".
______ trajo su mano al tablero y sus dedos acariciaron la alta figura de su torre.
Subían y bajaban, a veces en círculos, a veces aferrándose, jugando ociosamente
mientras ella analizaba su próximo movimiento.
Joe se movió en su silla una vez más.
"¿Está cómodo, mi Señor? ¿Quizás su silla es demasiado baja?".
La pregunta de ______ perforó el silencio de la habitación e hizo que una de las
cejas de Joe se levantara. "Creo que es más el caso de que mi anticipación está muy
alta. La idea de dominarte me tiene muy... excitado...".
"¿Dominarme?".
"En el ajedrez, por supuesto". Joe levantó su reina y la alzó hasta sus labios. "La
idea de hacer ese movimiento final, ______...". Pasó la pieza por sus labios y la deslizó
hasta su mentón. "La mera idea de que puedo triunfar sobre tus estrategias esta noche
me tiene todo anudado".
"Y si ganara, mi Señor", ______ puso su otro caballo en juego. "Creo que no hemos
conversado sobre el premio".
Joe miró fijamente el tablero.
"Le toca a usted, mi Señor".
Joe levantó la cabeza y la miró. Volvió a poner la reina cuidadosamente sobre el
tablero. "Si yo gano, ______, creo que puedo reclamar como premio ¿un beso?".
"¿Un beso, mi Señor?".
"Un beso, ______. Entregado libremente. ¿Te parece justo?".
La respuesta de ______ fue rápida y decidida. "De acuerdo".
Joe movió un peón negro hacia adelante un pequeño espacio con una mano que
temblaba muy levemente. "¿Y si fueras tan afortunada como para capturar mi rey,
______? ¿Qué querrías reclamar como tu premio?".
Los ojos de él recorrieron su cuerpo, mientras una gota de transpiración bajaba por
entre sus senos. Él se lamió los labios y abrió las piernas estiradas debajo de la mesa,
apenas rozando el muslo de ella con su rodilla.
Apenas se pudo escuchar que ella tomó aire por sobre el sonido de su ropa al
rozarse en la quietud de la habitación.
"¿Qué pediré?".
"Esa fue mi pregunta, sí".
La mirada de ______ permaneció fija sobre el tablero mientras pasaba los dedos por
las piezas. Su muslo se movió contra el de Joe debajo de la mesa, presionando muy
levemente, y haciendo que el pulso en el cuello de él latiera más rápido. Él la miró
mientras ella respondió con otro peón más.
"Es una pregunta interesante. Hay mucho que me gustaría pedir".
Él respiró de manera irregular. "Sólo tienes que pedirlo".
La mirada de ______ permaneció fija en el tablero. "Le toca a usted".
Joe se pasó una mano por el cabello y observó el juego. Tomó un alfil y lo
deslizó hacia delante bruscamente. "Estoy esperando...".
"Y yo estoy pensando". ______ se inclinó hacia delante aún más, permitiendo que
Joe disfrute de sus senos y de la imagen de ella pasándose un desventurado peón
por la piel debajo de su cuello, y más abajo, hasta su escote.
"¿Qué estás pensando?". Sus palabras fueron casi ásperas ahora, tan ásperas como
el sonido de su respiración. Sus pies se trabaron alrededor de una de las piernas de ella
y la tiraron hacia él por debajo de la mesa. Ella levantó la vista y lo miró.
"¿Qué estás pensando?", repitió él, moviendo la pierna de ella hacia atrás y hacia
adelante junto con la de él.
"Estoy pensando que si muevo este peón aquí...".
La mano de Joe interrumpió su movimiento. "No más movimientos hasta que
me digas qué querrás al final del juego si ganas".
Su tono no admitía discusión alguna.
______ permaneció sentada e inmóvil, con su pierna entre las de él y su muñeca en
su puño.
Respiró hondo, empujando los pezones contra la apretada tela de su vestido. "Si
gano yo, pido esta noche contigo".
Se hizo un silencio en la habitación. Hasta el fuego dejó de crepitar, como
impactado por lo que acababa de escuchar.
Lentamente, sin soltar su muñeca, Joe se levantó de su silla. Una mano tiró el
tablero al suelo, desparramando piezas de ajedrez por doquier.
La otra acercó a ______ hacia él hasta apretarla contra su cuerpo.
"Tú ganas".

* * * * *



La boca de Joe aplastó la de ella en un beso que dejó la mente de ella
inconsciente y su cuerpo ya excitado en éxtasis.
Sus brazos la estrecharon aún más contra sí, y ella automáticamente deslizó su
mano por los hombros de él y alrededor de su cuello, ayudándolo a dejar pegada la
carne de ambos.
______ era prácticamente incapaz de pensar. Los labios de él estaban haciendo todo
lo que ella había imaginado que harían. Firmes, cálidos, exigentes, la acariciaban y
excitaban y luego se abrían para permitir que su lengua excite los rincones de su boca.
Ella boqueó para tomar aire y él siguió a la respiración dentro de su boca. Ella se
dio cuenta por primera vez de la maravillosa sensación de que un hombre adore sus
suaves tejidos, aprenda las diferentes texturas de su lengua, deslizándose por entre sus
dientes y excitándola con pequeños toques y vueltas.
Sin ningún pensamiento consciente, ella siguió su ejemplo, imitando su intrusión al
deslizar su propia lengua dentro de la boca de él y saborearlo.
Cálido, dulce, con matices de jerez, el sabor de Joe tenía una embriaguez propia
y se extendía hasta las rodillas de ella.
Ella sintió que los brazos de él se movían hacia abajo y a los pocos segundos era
levantada del suelo y contra el cuerpo de él.
"¿Estás segura?", preguntó él bruscamente, despegando su boca de la de ella para
hacer la pregunta.
Ella no tuvo oportunidad de responder antes de que él la estuviera besando
ávidamente, comiendo sus labios, chupando su lengua, apretando su cuerpo con las
manos y abrazándola contra él con una fuerza de hierro.
Los brazos de ella rodearon su cuello, devolviéndole el abrazo salvajemente.
"Estoy segura", dijo ahogada mientras hacía fuerza para despegarse y tomar aire.
"Bien". Joe salió de la habitación a grandes pasos y subió casi corriendo al
segundo piso con ______ en sus brazos.
La casa estaba oscura y silenciosa, y en breves instantes la puerta se cerró con llave
y él estaba bajándola al suelo al lado de la cama.
"Te deseo. Nunca he deseado tanto a nadie". Las palabras de Joe eran ásperas,
pero honestas, como lo eran sus ojos.
"Lo sé". ______ volvió a mirarlo. Había tomado una decisión esta noche. No iba a
retroceder.
"¿Por qué esta noche?". Joe pasó suavemente las manos por sus senos,
sonriendo un poco cuando los pezones se hicieron notoriamente visibles debajo de sus
dedos. "¿Por qué ahora, ______?".
______ pasó sus manos por el firme pecho de Joe y abrió atrevidamente su
camisa. Él se la quitó, complaciente, y la arrojó a un rincón en sombras. Ella obedeció a
un impulso interior y se inclinó hacia delante, pasando la lengua por el disco plano de
su pezón.
Lo escuchó jadear y eso la hizo estremecer; el sólo hecho de aceptar que ella podía
causar ese tipo de reacciones era un logro en sí mismo.
Ella levantó los ojos hacia Joe y vio que las manchas doradas destellaban de
deseo por ella. "Porque yo también te deseo, Joe. Porque quiero tus manos sobre mí.
Quiero conocer el placer de nuevo, pero quiero conocer lo verdadero esta vez. Porque
por primera vez desde que recuerdo, quiero que me toque un hombre -tú-. Porque
quiero saber cómo es hacer el amor y no tener sexo".
Ella dejó que su mirada se pasee por el cuerpo de él. "Porque quiero tocarte y
aprender sobre ti y que tú me toques. Porque no puedo dejar de preguntarme cómo es
tener a un hombre dentro mío haciéndome sentir maravillosa en lugar de... en lugar
de... bueno, supongo que quiero ver si juntos podemos borrar el pasado, Joe".
Él le tomó la mano sobre su pecho y la deslizó entre ellos, permitiéndole sentir
cómo su p*@e empujaba contra sus pantalones. Ella envolvió su mano a su alrededor,
con curiosidad, y apretó un poco, sonriendo cuando él respiró hondo de repente.
"No sé si puedo borrar tus recuerdos, ______. Pero, ¡demonios!, me puedo asegurar
bien de que tengas algunos nuevos".
Sus manos se deslizaron detrás de ella y su vestido cayó hasta la cintura.
"Puedo besar estas bellezas...". Sus labios cayeron sobre sus pezones y él pasó la
lengua alrededor de uno, haciéndola boquear. "Y chuparlos también", él se movió hasta
el otro seno, chupando suavemente su rígida punta. "Y mucho más, ______, amor".
Separó su boca de ella y apretó sus senos desnudos contra su cuerpo, dejando que los
sensibilizados pezones sientan la aspereza de su vello y el calor de su cuerpo.
Era el turno de ella de explorar, y sin dudarlo, se estiró hasta alcanzar la parte
delantera de sus pantalones.
"Creo que es hora de dispensar de estos, Joe", murmuró, luchando con las
cintas. "Malditas cosas...".
Las manos de ______ se zambulleron por la abertura, hambrientas por tocar su
p*@e, y con un gemido él se quitó los pantalones y cayó en las palmas de las manos de
ella.
"Ah, Joe", dijo en voz baja.
Él estaba tan duro y caliente; era maravilloso tocarlo. Su piel era suave en algunos
lugares, áspera en otros, y ella encontró que sus dedos estaban fascinados por la
diferencias en las texturas que iba descubriendo.
Tocó la gotita de humedad que se juntó en la pequeña rayita sobre la cabeza y
levantó los ojos cuando la mano de él agarró su muñeca.
"Me harás perder en mi deseo demasiado rápido si sigues con eso, ______.
Perdámonos juntos".
Él deslizó sus manos por debajo de su ropa arrugada y empujó todo por sobre sus
caderas hasta el suelo.
Ella estaba desnuda, parada delante de él, sintiendo que el calor salía del cuerpo de
él formando olas que rompían sobre el suyo.
Por un momento, ninguno tocó, sólo liberando sus sentidos y regocijándose en la
enormidad de este momento.
______ podía olerlo, sentir su calor, y casi absorber su deseo a través de la piel. No
tenía idea de que ella podía conocer a un hombre a tantos niveles diferentes, cada uno
causando una respuesta dentro de ella que sólo agregaba combustible al fuego.
"______, tócame".
El susurro enronquecido tocó los oídos y el corazón de ______ al mismo tiempo.
Era una súplica, un aliciente, una plegaria y una exigencia.
Ella tocó.
Tomó su polla entre las manos y la frotó por su vientre, queriendo experimentarlo
a un nivel diferente de cualquier idea convencional.
Ella se acercó a él, obligándolo a levantarse, y su mano se deslizó por debajo de él
para agarrar el firme trasero.
Ella apretó sus cuerpos, haciendo un sándwich con la polla de Joe contra su
suavidad.
Su gemido la dejó contenta.
Las manos de él sobre su parte trasera la dejaron aún más contenta, y cuando él
empezó a amasar y agarrar, y a deslizar sus dedos hacia arriba y hacia abajo por su
abertura, ella no pudo quedarse quieta. Las caderas de ella comenzaron a moverse
contra la dureza de él que tenía delante y las manos que tenía detrás.
"Joe", dijo ella en voz baja, mientras se inclinaba un poco y alineaba su clítoris
con las bolas de él.
"Abre las piernas, ______".
Las manos de él abrieron sus cachetes y él deslizó un dedo hacia su estrecho
pimpollito de rosa. Las millones de terminaciones nerviosas enviaron estremecimientos
de placer por toda ella cuando Joe las acarició suavemente.
Estirándose, recogió sus jugos y los esparció hacia arriba y alrededor de su tensa
argolla de músculos, acariciándola con un toque tan leve como el de una pluma. ______
sintió que su cuerpo comenzaba a prenderse fuego y que sus caderas se movían con
más fuerza contra él.
Sus rodillas comenzaban a doblarse y ______ supo que no podría mantenerse en
pie mucho más.
No tenía que hacerlo. A los pocos segundos que sus piernas empezaron a temblar,
Joe la había tumbado sobre el cubrecama detrás de ellos.
El cuerpo de él estaba completamente sobre ella: duro, caliente, en movimiento y la
tocaba, la pellizcaba, la acariciaba, la enloquecía.
Ella se retorcía, incapaz de acercarse más a él pero consciente de que debía hacerlo o
morir en el intento.
Joe deslizó la mano por su vientre mientras le chupaba enérgicamente un seno.
Ella sabía que estaba haciendo alguna clase de sonidos, pero era incapaz de
controlarlos. Luego él encontró su clítoris y los ruidos se convirtieron en gritos de
placer.
"Dios, Joe", sollozó ella.
"Te gusta eso, ¿no?". Dio un respuesta con voz enronquecida, que lo hizo que
apartarse del seno por un total de cinco segundos.
"Sííííí...", respondió ella, echando su cabeza hacia atrás y cerrando los ojos. "Ay,
síííí...".
Él deslizó la mano hasta sus inflamados y húmedos pliegues, explorando,
acariciando, encontrando lugares que la hacían retorcerse y lugares que la hacían
suspirar.
Él la excitaba y agitaba, a veces alejándose e insertando uno o dos dedos dentro de
ella, para volver a jugar con su clítoris un poco más.
Él movió la cabeza de su seno para mordisquear sus labios.
"Ah, ______. No me canso de ti", la voz de Joe era ronca al volver ávidamente a
los pezones de ella.
Sus caderas se retorcían y levantaban debajo de él, y él se apartó de sus senos y se
deslizó por la cama. Sin más, separó bien sus muslos y enterró su cara contra su
v@$*%a, lamiendo y lengüeteando su carne, y haciendo que algo se le atorara en su
garganta por el impacto y el placer.
Fue increíble, eliminó todo pensamiento racional de su cabeza y la volvió salvaje.
Levantó las caderas, empujándose contra su cara, buscando su lengua, sus labios,
ofreciendo todo lo que tenía, todo lo que era, para el placer de él.
Pero aún no era suficiente.
"Joe, no esperes...". Ella dijo las palabras jadeando, con la cabeza dando vueltas
frenéticamente sobre la almohada.
Joe obedeció.
Se levantó sobre ella, sosteniendo su peso sobre ambas manos.
"______. Abre los ojos. Mírame, ______.
Ella era incapaz de negarle nada en este punto, aun cuando quería esconderse de
cualquier distracción y concentrar su atención en lo que él le estaba haciendo.
Su p*@e le rozó la v@$*%a, estimulando, abriendo, alentándola. "Mírame a mí,
______. Este es tu nuevo recuerdo llegando... justo... ahora".
Con tres embestidas enérgicas, la había penetrado.
Con tres ágiles movimientos había llenado su cuerpo y perforado su alma.
Él se detuvo dentro de ella.
Los ojos de ella se abrieron grandes, enfocados sobre él, viendo que sus ojos
marrones se oscurecían hasta ser casi negros mientras el cuerpo de él se apropiaba del
de ella. Una gota de sudor temblaba en su sien, y los músculos de sus hombros
sobresalían.
"Dios. Muévete, Joe, por favor, muévete...".
Ella abrió las piernas tanto como pudo, como para devorar al hombre cuya polla
estaba enterrada hasta el fondo dentro de ella.
Ella se lanzó contra él y con un enorme jadeo, él le devolvió el embate,
arremetiendo sin piedad con sus caderas y su p*@e; la ternura quedó olvidada, y la
seducción fue cosa del pasado.
Ésta no era una forma gentil y educada de hacer el amor. Ésta era una cogida
primitiva y necesitada, y ______ estaba en éxtasis.
Su cuerpo respondía a cada una de las exigencias con una propia. Cuando él la
embestía, ella empujaba para atrás. Las manos de él bajaron hasta el trasero de ella,
mientras deslizaba las piernas por el costado de la cama, trayéndola con él y sin
perderse una embestida.
De pie, pudo aumentar la intensidad de su posesión implacable, aferrándose
fuertemente a ella con las manos y ayudándola a empalarse a sí misma con su polla
machacadora.
Era cruda, casi violenta, y era todo lo que ______ imaginó alguna vez que sería.
Una extraña tirantez comenzó a apoderarse de su respiración, y sus ojos
encontraron los de Joe.
"Joe... yo me... es...".
"Sí, lo sé...". Sus palabras temblaban mientras su cuerpo mantenía el incesante
ritmo de pillajes y retiradas. Una mano encontró rápidamente su clítoris, y los labios de
ella se separaron de sus dientes en un gruñido salvaje.
Con las manos retorciéndose entre las sábanas, y las piernas ahora fuertemente
trabadas alrededor de Joe, ______ esperó que la ola encumbrándose rompiera,
saboreando cada momento de creciente tensión, cada músculo que se contraía y cada
momento que el cuerpo de Joe tocaba el suyo.
Finalmente, la espera había terminado.
Ella se acabó ferozmente, silenciosamente y durante lo que pareció ser años.

* * * * *


Joe sintió deseos de aullar cuando vio a la mujer sobre su cama sacudirse y
convulsionarse alrededor de su p*@e.
Él desaceleró su ritmo, conteniendo su propio orgasmo por pura fuerza de
voluntad. Recordó el momento en que la tocó; cómo ella le había rogado por más a los
pocos segundos. Se preguntó si esta noche sería lo mismo.
Los músculos de ella se relajaron un poco alrededor de él, y él volvió a deslizarse
una vez más dentro de ella.
Ella era sedosa, húmeda y más caliente que cualquier cosa que había experimentado
jamás. Su sexo se aferraba a él paralizándolo, y él sintió como si no pudiera irse
nunca de donde estaba en ese momento.
El cuerpo de ella encajaba bien en el de él.
Ella tembló, abriendo los ojos y atrayéndolo con su mirada gris y tempestuosa.
Como lo esperaba, una palabra salió de su boca.
"Más".
Algún instinto primitivo rugió de placer en la mente de Joe. Su mujer quería
más de él. Por Dios que lo tendría.
Se deslizó rápidamente fuera de ella, ignorando su gritito de protesta.
Este fue rápidamente acallado por la ropa de cama, al darla vuelta sobre su
estómago y dejar que sus piernas cuelguen sobre el costado de la cama.
Él se acomodó entre sus muslos y volvió a empujar dentro de su sexo caliente
antes de que ella tuviera tiempo de tomar aire.
Esta vez sus embates fueron más lentos y acompañados por la presión de sus
manos mientras las pasaba del trasero a los hombros, y de vuelta.
Ella corrió el cabello de su cuerpo, dándole acceso a su piel desnuda.
Él se inclinó hacia delante, empujándose contra su trasero y su columna,
manteniendo su ritmo de empuje y frotando su carne contra la de ella.
Ella suspiró y luego gimió; levantó un poco el trasero para empujarse contra él y al
mismo tiempo exigir, alentar, disfrutar, y pura y simplemente amar.
Admirado de su propio control, Joe se dispuso a jugar. Era casi como si su polla
supiera que esta mujer era especial. Que merecía algo más que una cogida rápida, no
importa qué satisfactoria fuera. Esta mujer iba a tener una noche llena de increíbles
recuerdos si él y su polla tenían algo que decir al respecto.
Él deslizó una mano debajo de ella para masajear su sexo suavemente y
acariciar tiernamente su clítoris. Ella estaba empapada con sus propios fluidos; los
muslos, húmedos con miel tibia; la piel, mojada con sudor. Joe supo que lo que
llenaba su nariz era una combinación de los olores de ambos; él también estaba
sudando.
Se enderezó un poco y miró hacia abajo, donde sus cuerpos se unían. Su p*@e se
deslizaba dentro y fuera del cuerpo de ella con facilidad, reluciendo donde ella lo
bañaba con sus líquidos. El trasero de ella era perfecto, suave y redondeado, y hasta la
marca le pareció erótica y estimulante.
La cubrió suavemente con la mano, sonriendo mientras ella también empujaba
contra él, como ansiosa por aumentar su contacto de la forma que pudiera.
Él aflojó los cachetes de ella, separándolos, y se humedeció un dedo en su miel. Su
ano pequeño y estrecho, arrugado y rosado, rogaba que él lo tocara.
Ella se retorció y gruñó cuando él comenzó su delicada excitación, sin perder ni por
un instante el ritmo de las embestidas de su penetración.
Ella comenzó a respirar entrecortadamente cuando él empujó un dedo contra ella.
"Joe... qué...".
"No hables, amor. Déjame jugar contigo".
Él la sintió relajarse debajo de sus manos, y otro pedacito de su corazón se quebró
por la confianza que ella estaba depositando en él.
Él comenzó a aumentar la velocidad, que se correspondía con la ahora rítmica
presión de su dedo contra la abertura de ella.
Ella volvió a gemir, respondiendo salvajemente a sus movimientos.
A los pocos segundos, el dedo de él se ensartó en los músculos de ella, que gimió
cuando su dedo se hundió en su zona oscura.
Él deslizó un brazo por debajo de ella y tiró de su trasero, acercándolo aún más a él,
todo sin levantarla de la cama.
Sus arremetedoras caderas chocaban contra el trasero de ella mientras su dedo se
movía en su ano virgen, excitando suavemente las terminaciones nerviosas que él sabía
que había allí.
Él sintió que ella se tensaba, pensó que ella podría haber dejado de respirar
realmente, y luego ella explotó.
Esta vez, su alarido fue ensordecedor.
Cada músculo de su cuerpo se contrajo y se endureció. El dedo de Joe estaba
aplastado, y su polla se sentía como si estuviera atrapado en un cepo viviente.
Él jadeó, sin poder comprender la fuerza del cuerpo de ella mientras acababa
alrededor de su cuerpo.
Su sexo tiraba, apretaba y aplastaba salvajemente su p*@e, enviando su mente al
espacio y su cuerpo al orgasmo más monumental que podía recordar.
Embistió profundamente dentro de su cuerpo, tan profundo como pudo llegar,
separando sus manos del trasero de ella y dirigiendo su p*@e donde quería estar.
Él juro que pudo sentir el vientre de ella tratando de llegar al alma de él mientras su
sexo ondeaba hacia arriba y hacia abajo de su p*@e; cada uno de los órganos del
cuerpo de él gritó al descargarse.
Explotó dentro de ella, llenándola, inundándola, ahogando su útero, su sexo y
cubriendo sus tejidos con su leche caliente.
Fue un momento diferente de cualquiera que había experimentado. Durante unos
segundos, se preguntó si su muerte era inminente, al sentir que se le borroneaba la
visión, su corazón se detenía por completo y su existencia se derramaba por un ojito en
la punta de su p*@e.
Cuando pasó su clímax y su cuerpo decidió aferrarse a la vida, Joe les permitió a
sus torturados músculos el lujo de la relajación.
Comenzó a salir, pero un gemido de ______ lo mantuvo donde estaba.
"No te muevas, por favor. Quédate un momento".
Joe aventuró una sonrisa. "Ah, ______", susurró él mientras apoyaba todo su
cuerpo sobre la espalda de ella para permitir cuidadosamente que ella sintiera todo su
peso. "No iré a ningún lado".
______ hizo un sonido, que para Joe se pareció mucho a un ronroneo.
Las siguientes palabras que él pronunció, lo sorprendieron enormemente: "Sólo
quiero tenerte cerca de mi corazón".





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