Conducta inapropiada

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rock Conducta inapropiada

Mensaje por yolandaporjoe el Lun Dic 06, 2010 8:09 pm

____ Grayson. Sólo ver ese nombre le alegraba el día. Nick Jonas había establecido su residencia en el Helen's Cybercafé, un establecimiento de moda pintado de un amarillo pálido y amueblado con sofás y sillas confortables. Estaba sentado cerca de la chimenea, ante uno -de los ordenadores alineados contra la pared, para su dosis de Internet junto con el café de la mañana. Su disco duro se había averiado hacía un par de meses, y aún no lo había cambiado porque siempre encontraba un uso mejor para el dinero. Helen lo había interrumpido cuando leía una invitación a una fiesta de póquer que le había enviado por correo electrónico uno de sus viejos colegas de la cadena de televisión donde había trabajado como cámara hasta el otoño anterior. Tocó la tarjeta que Helen le había entregado... la tarjeta de ____, y admiró la textura del papel y la elegancia del diseño antes de tirarla a la papelera más cercana.- ¿Qué? ¿De verdad no vas a ponerte en contacto con ella? -quiso saber Helen Rhodes, un bombón rubio, propietaria del cibercafé. -No.
Ella entrecerró los ojos verdes.
-¿No sientes curiosidad por saber qué quiere?
Nick pensó en ello unos momentos y mintió:
-No.
-Pero debe de ser importante... ha llamado todos los días que has estado fuera. Esa última vez se había ausentado más de una semana, lo que demostraba que _____ era persistente, además de elegante, inteligente y una mujerzuela.
-No me interesa lo que pueda tener en la cabeza una pobre niña rica -indicó.
-¡Pues a mí sí!
-Eso es porque quieres dirigir la vida de todo el mundo.
-Al menos yo tengo una. No desaparezco de la vida de mis amigos durante días o incluso semanas -afirmó irritada-. ¿Dónde estabas cuando Annie nos necesitó? Pensando en los problemas de su amiga, qué habían aumentado durante su ausencia, Nick se ruborizó con culpabilidad. -No pude evitarlo. Annie ya está bien. Mejor que bien. Ha encontrado al hombre idóneo para ella. ¿O no estás de acuerdo? Nate Bishop, propietario de la Inmobiliaria Cornerstone y del edificio comercial en el que los tres tenían sus negocios. Helen había mostrado suspicacia hacia su arrendador desde el principio, cuando había invitado a Annie vestido de cuero y conduciendo una Harley, un cambio radical de su personaje de hombre de negocios. Pero Nick había sabido en todo momento cuáles eran las intenciones de Nate; de hecho, le había dado unos consejos al respecto, y en ese momento se sentía contento de no tener que lamentarlo. -Nate al final terminó siendo Superman -reconoció Helen-. Me equivoqué.
-Es un buen comienzo... Me refiero a que lo reconozcas.
Helen observó la papelera como si fuera a recoger la tarjeta.
-Adelante. Hazlo -dijo Nick-. Estoy segura de que a _____ le
encantará soltártelo.
-A mí me encantaría soltarte algo a ti.
-Otra amenaza hueca -rió Nick.
Volvió a mirarlo con los ojos entrecerrados, alzó el vaso de agua y lo observó durante un momento inquietante antes de beberse el contenido. -Un respiro -dijo él.
-Vamos, lárgate antes de que cambie de idea y haga algo radical, como revocar tus privilegios de cafeína e Internet para siempre. -No, cualquier cosa menos eso -finalizó la sesión al levantarse .
Ya se había ocupado de algunos asuntos de negocios, y el resto de los correos podía esperar-. Nos vemos luego.
-Sí, sin importar lo que hagas para impedirlo, las monedas falsas siempre reaparecen.
Nick rió. Helen y él no habían dejado de meterse el uno con el otro desde que se conocieron el primer día de la universidad. Y ahí estaban una década más tarde, con la misma costumbre. Tampoco habían perdido el afecto mutuo. Ni por Annie Wilder. Los tres habían seguido siendo íntimos amigos y tenían un fuerte sistema de apoyo entre sí. Juntos, habían dejado sus respectivos y lucrativos trabajos en el mundo corporativo para invertir todos sus ahorros en negocios que les gustaban. Por desgracia, el suyo había sido más caro de financiar y más difícil de poner en marcha que un cibercafé o una boutique de lencería. Salió del café, que daba a un cruce de seis calles, donde Bucktown y Wicker Park se juntaban en una fusión ecléctica. El barrio ejercía un gran atractivo para la gente con tendencias artísticas. Las calles estaban llenas de galerías de arte y el Edificio Flatiron, triangular, estaba ocupado por estudios de diversos tipos. Pero era demasiado temprano para que la gente tatuada y con piercings que frecuentaba la zona estuviera por las calles. Se dirigió al portal cercano que conducía a las plantas superiores del edificio. Subió por la escalera hasta su negocio, y hogar, aunque el edificio sólo tenía permiso comercial, situado encima de El Desván de Annie, una tienda de lencería. Pero no estaba solo en la escalera. Una mujer bajaba hacia él. Tenía unas piernas largas y atractivas, un andar grácil y un rostro familiar, más hermoso de lo que recordaba. Seguía exhibiendo la misma y estupenda estructura ósea, la misma piel impecable, las mismas facciones perfectas, pero en ese momento, la piel delicada alrededor de los luminosos ojos azules se veía tensa, lo que le daba un aire decididamente infeliz. La sonrisa de Nick se desvaneció. _____Grayson ya lo había destrozado emocionalmente una vez. ¿Qué diablos la llevaba a creer que iba a darle una segunda oportunidad para que lo repitiera? Isabel se detuvo y miró al hombre que subía hacia ella; a pesar de la descarga de adrenalina que la recorrió como una locomotora desbocada, trató de obligarse a exhibir un estado de objetividad serena. Era alto, quizá un metro ochenta y cinco, con hombros anchos y abdominales estupendos; el torso perfecto se revelaba por debajo de la camiseta. Desde luego, el cuerpo le había cambiado... a mejor; pero el pelo, castaño con vetas doradas, y los ojos, almendrados con profundidades escondidas, eran los mismos. Fuera lo que fuere lo que él pensara, quedó oculto por una expresión tan impersonal y neutral como la suya propia. Se preguntó si la reacción interna ante su inesperada presencia sería tan profunda como la suya. Apenas podía respirar. Siguió subiendo las escaleras y la ignoró como si no estuviera la rozó en el hombro, dejándola aturdida, temblando por dentro, pero continuó andando. -¿Nick? -llamó a su espalda-. Eres Nicholas Jerry Jonas, ¿verdad? - como si no pudiera reconocer al primer hombre con el que se había acostado.
-¿Y qué pasa con eso? -no se detuvo.
-Llevo una semana tratando de dar contigo - lo siguió de vuelta hasta el rellano, donde lo vio sacar unas llaves de los vaqueros.
Tenía los ojos a la misma altura que su trasero, tan compacto y musculoso como el resto de su cuerpo, pero desvió la vista y continuó hablando, como si entre ellos jamás hubiera sucedido nada-. Te dejé mi tarjeta. ____ Grayson. Él abrió la puerta y se volvió para mirarla. -Sé quién eres, ____. Tiré la tarjeta. Experimentó una oleada de angustia, pero la enterró de inmediato. Era una Grayson, lo que significaba que tenía hierro en la médula. Su misión sería un éxito. Podía negociar cualquier
cosa.
-¿Puedo pasar?
-Tengo trabajo.
No había cambiado. El adolescente más grosero del instituto se había convertido en un hombre grosero.
-Por favor. Es importante.
Suspiró y alzó las manos.
-De acuerdo -le dio la espalda y entró, dejando la puerta abierta-. Pasa y que sea rápido. ____ no le dio la oportunidad de cambiar de parecer. Entró y cerró la puerta, en cuyo cristal se podía leer, en letras doradas,
Nick s Knack, Videografía. La sala de techo alto y múltiples ventanas era una especie de estudio. Un telón adornaba una pared. Del techo colgaban varios focos. Un extremo del estudio estaba lleno de ordenadores. Ella supuso que le servían para la edición. En el otro extremo, en un rincón, vio una cama con ruedas, con el edredón extendido por encima como si durmiera allí. Y en la pared cercana había un anaquel con pesas.
-Bien, ¿qué es tan importante, ___, para que me persigas durante una semana entera? Centró su atención en el hombre que se había convertido en un desconocido.
-Mi hermana, Louise. Ella es tan importante.
-Muy bien, ¿qué le pasa?
Nunca había conocido a Louise, de modo que era comprensible.



¿la sigo cerdo

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rock Re: Conducta inapropiada

Mensaje por vickydejonas el Mar Dic 21, 2010 1:13 am

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rock Re: Conducta inapropiada

Mensaje por yolandaporjoe el Lun Ene 03, 2011 11:08 pm

ue quizá no la recordara. Dudó de que se mantuviera al corriente de la política o los políticos. Y aunque lo hiciera, no creyó que el senador William Grayson figurara en su lista de gente a seguir. -Ha desaparecido.
Reflexionó en ello unos momentos, y luego dijo:
-Tal vez, sencillamente, quería alejarse de los Grayson.
Sonaba como si tuviera experiencia en ese campo. Con algo de suerte, no le echaría en cara lo que había pasado entre ellos tantos años atrás.
-Sólo tiene diecisiete años.
-Once más joven que tú.
La sorprendió que recordara su edad.
-Fue el regalo tardío que le hizo la vida a mi madre.
-Si tu hermana ha desaparecido -comentó Nick con un deje de preocupación en la voz-, es algo que le atañe a la policía. -No está desaparecida como si fuera una víctima. Se ha fugado, tiene diecisiete años y acaba de terminar el instituto. Tengo entendido que no es algo inusual. Que los adolescentes se largan todos los días y que si ella no quiere que la encuentren, probablemente no lo harán -respiró hondo-. Sólo faltan unos meses para que sea legalmente una adulta, y a los adultos se les permite desaparecer si así lo desean. La policía no va a esforzarse mucho. Será otro nombre en una base de datos. -Pero con la influencia de tu padre... -Sí, esa impresión daría, ¿verdad? Pero eso significa que tendría que hacerlo público. Tendría que solicitar un tratamiento especial para un miembro de su familia -controló su furia y añadió-: Tendría que llamar la atención sobre su persona y eso no le reportaría ninguna ventaja. -Comprendo -enarcó las cejas. «No lo comprende», pensó _____. «En realidad, no». Tampoco ella lo comprendía. No sabía cómo su padre podía esquivar la verdad cuando un miembro de su familia se hallaba en problemas. Pero ya pensaría en eso más adelante. Por el momento, encontrar a su hermana, asegurarse de que estaba a salvo, era su objetivo principal. -¿Por qué recurres a mí? -inquirió Nick. -Tu nombre surgió como el de alguien que conoce a los chicos en las calles. Me han informado de que estás haciendo un documental sobre jóvenes que han abandonado sus hogares. Si eso es verdad, quizá podrías encontrarla. -Suposición que, en el mejor de los casos, es cuestionable.
-Eres mi única esperanza.
Nick movió la cabeza.
-Entonces no tengas muchas, porque carezco de tiempo y de interés de involucrarme en tus problemas. Además, establezco un vínculo con esos chicos. No traiciono la confianza que depositan en mí. -No tendrías que hacerlo -prometió. -Contrata a un investigador privado. Demonios, ____, con tu dinero, podrías contratar a toda una empresa. A ___ se le retorcieron las entrañas al oír esas palabras. Iba a ser más difícil de lo que había pensado.Tendría que reconocer que parte de la motivación de buscarlo a él surgía de la curiosidad. O tal vez quería quitárselo de la cabeza de una vez por todas... cosa que no parecía probable. Incluso cuando tenía cosas más importantes en la mente, no podía evitar recordar cómo la había derretido su contacto... y preguntarse cómo sería en ese momento. Louise tenía prioridad, y el instinto le decía que Nick era la mejor apuesta para localizar a su hermana sin que la situación trascendiera a la prensa. No pensaba rendirse. -¿Y si te hablara de mi hermana menor? -Adelante -se puso cómodo en una silla de director de cine-. Pero pierdes el tiempo. Le indicó que podía ocupar la otra silla a juego con la suya, pero, demasiado nerviosa, ella movió la cabeza y se puso a andar.
-Louise es una joven brillante...
-Como cabría esperar de una Grayson.
-... y un poco rebelde...
-Lo que no puede ser.
-¿Puedo hablar sin oír comentarios? Louise y yo siempre hemos estado muy unidas. Siempre recurría a mí para hablar, para recibir consejo. Era sensata, meditaba las cosas antes de actuar. Entonces, hace unos meses, algo cambió. Se metió en algunos problemas -reconoció-. De hecho, más de una vez. Nada serio, pero no cuadraba con ella y fue suficiente para conseguir la ira de mi padre. -¿Porque no exhibía la conducta apropiada? Oh, lo siento. No quieres oír comentarios. Lo olvidaba. ____ llegó a la conclusión de que no había olvidado nada, no más que ella. ¿Pensaba realmente en la interferencia de su padre o en ellos? En cómo se habían enamorado. En cómo habían consumado los sentimientos hacia el otro. Al mirar esos familiares ojos almendrados, tampoco ella pudo evitar recordar el pasado. El corazón le latió más deprisa al considerar todas las posibilidades. Se humedeció los labios y se obligó a concentrarse en lo que debía. Su hermana. -Ha estado tratando de captar la atención de mi padre, por desgracia, de la manera equivocada, excusando con posterioridad sus actos. Lo único que consiguió fue que él se pusiera furioso. Se pelearon... -esperó que Nick no preguntará la causa- y entonces desapareció. Pensamos que se había ido a la casa de una amiga y que intentaba darnos una advertencia. He hablado con todas sus amigas y ninguna ha reconocido verla. Pero entonces su mejor amiga, Rosalyn, se asustó y admitió que Louise había pasado a verla unos días atrás y que le había contado que nunca más volvería a casa.- Entonces, ¿por qué no recurrir a la policía? _volvió a preguntar-. ¿O a un investigador privado? Si tu padre no quiere mover las cosas, hazlo tú.


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rock Re: Conducta inapropiada

Mensaje por yolandaporjoe el Sáb Mar 26, 2011 7:23 pm

Si hiciera eso, sabía que sería el fin de todo; sin embargo, si la situación lo requiriera, no dudaba de que haría lo que fuera necesario. Pero no en ese momento. No cuando existía una posibilidad de que Nick la ayudara. -No sería lo apropiado ahora -respondió con sencillez. -De modo que aún bailas al son de la música que pone tu padre. Sintió que se ruborizaba y que deseaba sacudirlo hasta que aceptara ayudarla. En el pasado, Nick había dejado que las cosas fluyeran hasta que se enfadaba de verdad. Nadie querías presenciar su lado malo. Aunque su lado bueno compensaba todo. Al menos así había sido. Pero ya no lo cono- cía tan bien. Por eso no pensaba contarle nada. No hasta que estuviera segura de él. -En esta ocasión, mi padre razona con sensatez -no era una mentira descarada. No quería engañarlo, pero estaba desesperada por encontrar a su hermana antes de que sufriera algún daño-. Cree que Louise intenta preocuparnos y tiene cosas más importantes que requieren su atención. -¿Más importante que su propia hija, vagando por las calles? Isabel tragó saliva. El senador William Grayson, político respetado, había utilizado a su familia para lanzar su carrera, y en cuanto ésta había despegado... bueno, Louise y ella habían, sido relegadas a la parte de atrás, para ser expuestas según lo necesitara, tal como había sucedido con su esposa, Natalie. Se preguntó si las cosas habrían sido diferentes si Louise y ella hubieran sido varones. Su padre siempre había lamentado la falta de un hijo que siguiera sus pasos... como si ella no hubiera podido hacerlo. De hecho, había dedicado la vida a hacer cosas que el senador quería, con el fin de obtener su aprobación, del mismo modo que Louise había dado problemas para llamar su atención. Y aparte de mostrarse como una esposa modelo cuando la situación lo exigía, su madre siempre había seguido su propio camino, su propia vida, sin importarle en apariencia que su marido, el senador, la descuidara. Se preguntó si después de resolver esa crisis tendría el valor de hacer lo mismo y alejarse de la influencia de su padre de una vez por todas. -¿Quizá el buen senador no quiere que los focos brillen sobre él cuando el público puede ver algo negativo? -especuló Nick. Isabel tuvo que reconocer que siempre había sido intuitivo. Pero hasta no tener la certeza de disponer de su lealtad, no pensaba reconocerle nada. -Mi padre es muy cuidadoso con su reputación -se humedeció los labios-. No quiero un investigador privado, Nick. Te quiero a ti -horrorizada por su falta de voluntad, se dio cuenta de que era verdad, y en el sentido más físico-. Y bien, ¿lo harás? ¿Por mí? Nick contuvo una carcajada y notó la celeridad con la que Isabel se ruborizaba. Isabel Grayson jamás lo había querido. Había jugado con él. Probablemente había sido la niña más rica del instituto y él el chico más pobre, sin ninguna duda. Pero en ese momento las reglas habían cambiado. Necesitaba algo de él y él no quería saber nada de ella. No pudo evitar preguntarse cómo la hacía sentir eso.
-¿De verdad pensaste que iba a funcionar? - preguntó.
-¿Funcionar?
-Venir a verme.
-¿Cómo va el negocio? -preguntó de repente.
Desconcertado por el súbito cambio de tema, dijo:
-¿Perdona?
Nadie parece tener una dirección tuya a excepción de ésta -miró alrededor del estudio y se detuvo en la cama arrugada-. Ningún apartamento, lo que puede sugerir que andas escaso de dinero - volvió a mirarlo y la expresión le reveló que creía volver a tener el control-. A mí no me falta el dinero, Nick,como bien apuntaste antes. ¿Cuánto? Nick sintió un puño cerrarse en sus entrañas. Intentaba comprarlo con dinero... lo mismo que se había interpuesto entre ellos siendo adolescentes. Nada había cambiado.
-No quiero tu dinero.
-Entonces, ¿qué quieres? ¿Trabajo? Puedo conseguírtelo.
-¿La siguiente campaña de tu padre? -quiso saber, conociendo la respuesta-. ¿Me garantizas que podré producir su publicidad? -ése sería un pago digno de saborear, pero sólo si se lo daba por escrito. -No... no tengo control sobre papá. Pero dispongo de otros contactos y podría ver qué puedo hacer. -No me interesa. Lo único que le interesaba era ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar para conseguir lo que buscaba. Posó la vista en los pechos plenos que el traje formal no podía ocultar. «Sólo sería un ejercicio intelectual, desde luego», pensó mientras se parapetaba contra la reacción instantánea que le producía. -¿Qué otra cosa quieres? -preguntó ella-. Dilo. La quería a ella. Ahí. En ese momento. «Diablos, en cualquier momento». Quizá de esa manera conseguiría quitársela de la cabeza. Que le hubiera partido el corazón, que lo hubiera dejado vacío por dentro, no parecía importar. Lo había lanzado al peor año de su vida, un año de desesperación en el que había hecho cosas de las que no se sentía orgulloso para sobrevivir. Isabel lo desconocía, ¿y por qué iba a importarle a menos que probara un poco en persona? Algo centelleó en su cabeza. Supo la forma de deshacerse de ella. Esbozó una sonrisa irónica. -Jamás lo aceptarías, Isabel. Si me pusiera a buscar a tu hermana, y lo digo con grandes reservas, tendrías que venir conmigo

















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rock Re: Conducta inapropiada

Mensaje por yolandaporjoe el Jue Abr 28, 2011 8:46 pm

-Desde luego, no esperaba otra cosa. De pronto ella se sintió viva, y el alivio la hizo brillar, dándole una visión momentánea de la joven que había sido. En realidad, de la joven que él había creído que había sido. Yo misma la he estado buscando desde que se fue de casa -prosiguió ____-.He recorrido este vecindario... Su amiga Rosalyn vive en Wicker Park y Louise ha pasado mucho tiempo por aquí, incluyendo la visita que el otro día... -Creo que no lo has captado. Cuando digo buscarla, me refiero desde dentro. -No entiendo. Las calles, ___. Tendrás que abandonar tu acogedor hogar y tu bonita ropa y tus comidas en restaurantes elegantes. Tendrás que acompañarme por las peligrosas calles de Chicago como alguien sin hogar, mendigando y durmiendo en tugurios quién sabe dónde. Durante un momento fantasioso, esperó que aceptara sus condiciones. -¿Qué? -parecía conmocionada-. ¿Por qué? -Si quieres encontrar a alguien que vive en las calles, debes caminar con sus mismos zapatos. Se puso pálida. ¿Crees que Louise está viviendo en la calle? ¿En qué otra parte? Los hoteles no le abren las puertas a los chicos fugados, a menos que esté usando la tarjeta de crédito de papá. -Louise tiene su propia tarjeta de crédito, pero no la está usando. Lo comprobé.
-Chica lista. No quiere que la localices.
¡Pero tiene que haber otros sitios... algo!
-¿Y no los has agotado?
-Los que yo conozco o me han contado, sí. Fui a un par de albergues, pero dicen que los chicos a los que acogen están con sus padres.
Nick asintió. -Sólo hay unos pocos albergues en la zona metropolitana que acogen a jóvenes sin hogar, y están financiados por fondos privados. Razón por la que los chicos no suelen recurrir a ellos. -Santo Cielo, entonces ¿cómo sobreviven ? -Del modo que pueden, __. Mendigando... timando... prostituyéndose. Al final, la magnitud de la situación en la que se hallaba su hermana pareció alcanzarla. Blanca como una sábana y temblorosa hasta la médula, aceptó la silla que le había ofrecido momentos antes. -Oh, Louise, Louise -murmuró con voz desgarrada. Nick estuvo a punto de ceder y de aceptar buscar a la muchacha.¡No! No pensaba hacerlo. No volvería a pasar por ese infierno. ¿En qué estaba pensando? ___ Grayson era veneno para él. Había estado a punto de destruirlo. No debía olvidar eso en ningún momento.
-Creo que hemos terminado -se puso de pie para acompañarla a
la puerta.
-No. Me has hecho una oferta...
-Dije «si» -le recordó-.Y se trata de un «si» enorme.
-Iré contigo -susurró-. Viviré en las calles.
Haré lo que sea necesario para encontrar a mi hermana.
Nick se endureció ante la desesperación que captaba en su voz. Comprendía lo que era la desesperación, había vivido con ella durante años. También entendía las calles. Podían representar la muerte para los chicos. Les cambiaban. Los endurecían. Hacían que observaran todo lo que los rodeaba con suspicacia. Sintió pena por Louise, aunque fuera una Grayson. «Y lo que es más importante», se recordó, «conozco a ___» Había esperado no volver a verla jamás... la había odiado durante un tiempo... pero nunca había conseguido quitársela de la cabeza. Y ahí la tenía, grande como la vida misma, más hermosa y tentadora que nunca, suplicándole que la ayudara.
Pero otra parte de él arguyó que podía permitirse el lujo de buscar ayuda pagada. Simplemente se negaba porque su padre quería que la situación se llevara con discreción. Pues lo que quería el senador William Grayson podía irse al infierno. En esa ocasión, la pelota no estaba en la pista de Grayson. ¡El senador no iba a mover los hilos de la vida de Nick Jonas! -Contrata a un investigador privado -repitió, sabiendo que ___ podía ser su perdición y que estaría loco si volvía a correr ese riesgo. -No, por favor, Nick -suplicó-. Ayúdame y haré todo lo que digas. Las facciones clásicas de Isabel se veían agitadas y un mechón de pelo rubio cayó sobre su mejilla, suplicando que lo colocara detrás de la oreja. Al mirarla, Nick sintió que se tensaba. Bajo esa elegante belleza,____ Grayson aún era un volcán. Que el Cielo lo ayudara, pero aún representaba la mayor tentación que alguna vez había tratado de resistir, y la deseaba por encima de todas las cosas. Aunque únicamente habían pasado aquella noche en completo abandono, lo había destruido para otras mujeres. Había dedicado años a comparar, a preguntarse cómo sería en ese momento... ¡Era un necio! A pesar de que quería darle la espalda, la deseaba más que nunca. Si tan sólo en esa ocasión pudiera ser con sus propios términos... Pero sabía que no sucedería. Aun así, soltó las palabras antes de poder contenerlas. -Las noches son solitarias en las calles,___ -se acercó más, una amenaza a su vida ordenada y bonita-. No me gusta sentirme solo -enganchó ese mechón suelto con un dedo y recordó lo que había sido acariciárselo con ambas manos cuando lo había llevado suelto-. ¿Quieres que encuentre a tu hermana? -Sí, por favor. Se aproximó aún más, de modo que su aliento le rozó la cara.

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