Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

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Cuando Leíste El Titulo Que Te Imaginaste

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rock Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por Jolicia_DJDanger_Nicia el Sáb Nov 07, 2009 7:00 am

Un trío muy especial
Lori Foster
3º Serie Sawyers





Un trío muy especial (05.12.2001)
Título Original: Messing around with Max (2001)
Serie: 3º Sawyers
Editorial: Harlequín Ibérica
Sello / Colección: Deseo 1087
Reeditado en el dueto Planes de seducción de la colección Tiffany Nº 24 (2008)
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Joseph Jonas y _______ Montgomery

Argumento:
Joseph Jonas era capaz de hacer cualquier cosa por Cleo, su querida perra, estaba incluso dispuesto a abandonar sus desordenadas costumbres y buscarse una esposa. El problema era que la única mujer que el perro aceptaba era _______ Montgomery, que también era la única mujer del mundo que no deseaba mantener una relación estable con Joe.
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por yolandaporjoe el Sáb Nov 07, 2009 2:03 pm

hola soy la que creo el foro me alegro de que te ayas registrado y otra cosaa invita a mas gente Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil :@





SIGUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE:

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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por ale_95_12 el Lun Nov 09, 2009 1:21 am

SIGEEEEEEEEEEEEEEEEE PLIIIS SIGEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por yolandaporjoe el Sáb Nov 14, 2009 10:57 pm

Evil or Very Mad Evil or Very Mad en el otro sigues y en este no ¡¡¡¡pues menuda gracia!!!!!!!!!

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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por jonatika4ever el Miér Dic 02, 2009 8:40 pm

sigue porfa bounce bounce bounce

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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por Jolicia_DJDanger_Nicia el Sáb Dic 26, 2009 6:28 pm

Capítulo Uno






Una cosa era que la lluvia y el granizo golpearan la puerta y otra, muy diferente, que fuese una mujer.

Joe se quedó mirando aquel pelo rubio que había aparecido de repente y aquella nariz pegada al cristal. Estaba roja y parecía tener frío. Llovía tanto que apenas se oían sus gritos.

Cleo la miró con disgusto.

Joe se apresuró a rodear el mostrador de la librería de su hermana para abrir la puerta. La menuda silueta femenina cayó al suelo. Al principio, Joe creyó que le habían pegado un tiro en la nuca o algo así. Furioso, salió de la tienda para ver si había alguien más, pero allí solo había lluvia.

Cleo siguió gruñendo y protestando. Joe se arrodilló junto al cuerpo.

—Cállate ya, estúpida —le dijo.

La mujer tomó aire con dificultad, se tumbó boca arriba e intentó abrir los ojos. Gimió.

—Me he hecho daño —gritó tan furiosa como Cleo—. ¡Y, encima, usted me insulta!

—No era... —Joe se interrumpió al ver que abría un ojo. Era de un impresionante azul y estaba rodeado de unas espesas pestañas. Solo era un ojo, no había abierto los dos, pero sintió el impacto.

Cleo se acercó y puso el hocico sobre la cara de la mujer mientras emitía un aullido.

—¿Dónde se ha hecho daño? —inquirió Joe preguntándose por qué se habría abalanzado contra la puerta o por qué seguía en el suelo.

—Por todas partes —contestó con el ojo fijo en él—. Tengo hasta los dientes mal, así que lo menos que podría usted hacer mientras esté en el suelo es no insultarme.

Joe se preguntó si aquello querría decir que, cuando se levantara, podría hacerlo. Si es que se levantaba. No parecía tener prisa por ponerse en pie.

—Cleo —explicó Joe—, es mi perra. Tiene mal genio, pero no le hará nada.

—No me dan miedo los perros —contestó ella intentando mantener la dignidad a pesar de las circunstancias. Miró a la perra, que empezó a lloriquear—. Pero eso no quiere decir que me guste que me dejen babas por la cara.

Joe sonrió.

—Ven, Cleo, deja a la señorita en paz.

Cleo obedeció, algo que no solía hacer. Se colocó junto a su dueño y siguió gruñendo sin quitarle la vista de encima a la intrusa.

La mujer estaba tumbada sobre un charco de agua.Joe se puso a buscar heridas. Lo único que encontró fue un pecho pequeño, pero bonito, cubierto por una camiseta en la que se leía «Tengo buenos melocotones».

Max levantó una ceja. ¿Qué querría decir aquello?

La camiseta, completamente empapada, dejaba ver debajo un sujetador de encaje rosa. No le interesaba. No. Había hecho un trato con Cleo y pensaba cumplirlo. Acarició a la perra en el cuello para tranquilizarla.

El animal tenía serias dudas.

Tal vez porque lo conocía mejor de lo que se conocía a sí mismo.

—¿Está bien? —preguntó a la mujer. En realidad, en lo único en lo que estaba pensando era en la tela transparente y en la parte de su anatomía a la que estaba pegada. Aquello lo distraía. Sería mejor si se pusiera en pie.

Con aparente esfuerzo, la mujer consiguió abrir ambos ojos.

—Le veo dos veces —musitó sorprendida—. Esto tiene que ser una alucinación.

—Una alucinación, ¿eh? —repitió Joe.

Tal vez, estuviera delirando. Quizás estuviera borracha.

Tal vez pudiera ser el tema de su próxima columna. Joe desechó la idea rápidamente. Era un tema demasiado inverosímil como para resultar creíble, aunque su público se solía creer todo lo que él decía.

Una mano pequeña le tocó la cara. Cleo se puso en alerta, pero la mujer la ignoró.

—Bueno, supongo que sabe cómo es usted físicamente. Si hubiera dos iguales,... nada —dijo como dándose cuenta de lo que acababa de decir. Carraspeó—. Sí, creo que estoy bien.

Joe nunca había conocido a una mujer así y eso que conocía a infinidad de mujeres. De hecho, las conocía tan bien que su columna tenía cada vez más éxito. Por supuesto, no la firmaba. Ni siquiera su familia sabía que la escribía él.

Todos creían que estaba en paro.

Desde luego, aquella mujer era diferente. Le había echado un piropo y luego se había echado atrás y todo ello mientras yacía sobré un charco en el suelo.

—¿Está segura?

—Mi orgullo es lo que ha quedado herido para siempre —confesó—, pero creo que podré vivir con ello —añadió sentándose. Tenía unas piernas muy largas. Cleo volvió a intentar olfatearla, pero ella la volvió a mirar con aquellos ojos azules y la perra lloriqueó, se alejó y siguió gruñendo, pero desde una distancia prudente.

Joe lo entendió perfectamente. Aquellos ojos eran increíbles. No por el color, la forma o el tamaño sin por la intensidad con la que miraban.

—¿Dónde está Annie? —preguntó la mujer morando a su alrededor como si conociera la librería.

—¿Conoce a mi hermana?

—Le he comprado millones de libros para mi trabajo. Annie y yo nos conocemos desde hace un año y nos hemos hecho amigas. ¿Por qué estaba la puerta cerrada?

En un alarde de valentía, Cleo se acercó y la mujer la acarició distraídamente. La perra ladró enfadada, pero ella la ignoró y siguió acariciándole la cabeza.

Joe, sorprendido, se quedó mirando. Nadie más que él había osado ignorar el mal genio de Cleo para hacerle mimos. Joe miró a la mujer de nuevo. Sintió que se le aceleraba un poco el corazón.
Estaba buscando novia y, ya que era imprescindible que se llevara bien con Cleo porque, al fin y al cabo se quería casar por ella, para que tuviera un hogar donde recibiera él cariño que antes no había tenido, tomó buena nota de la amistad que estaba surgiendo ante él.

Le llegó al corazón.

Incluso lo excitó un poco. Claro que la lluvía también lo había excitado. Llevaba tanto tiempo sin hacer nada que un golpe en la cabeza también le hubiera puesto a mil. La único acción que había tenido últimamente había sido en la maldita columna del periódico y aquello, ni de lejos, era suficiente para aplacar su apetito.

La mujer chasqueó los dedos en su cara.

—¿En qué está pensando?

Joe se rió.

—Perdón, estaba en Babia.

—Ya me he dado cuenta —contestó ella mirándolo descaradamente—. ¿Por qué estaba con la puerta cerrada?

Su hermana tenía la costumbre de dejar la puerta abierta, algo que Kevin y él ya le habían echado en cara varias veces. Lo hacía aposta para molestar a sus hermanos.

—Annie no está y el viento no dejaba de silbar por la rendija de la puerta, así que la cerré. De todas formas, no venía nadie a comprar y, desde luego, no contaba con que una mujer se tirara encima de la puerta —explicó—. Se debe de haber hecho daño —añadió con voz más suave.

—Casi me quedo tonta del golpe, pero sobreviviré —contestó ella sacudiéndose el agua de los brazos y del pelo.

Cleo, fingiendo enfado para que no se dieran cuenta de sus verdaderas intenciones, puso la cabeza bajo la mano de la mujer para que le hiciera más caricias. A Joe casi le dio algo.

—¿Cómo se le ocurre venir con la que está cayendo?

—Necesitaba un libro. Venía corriendo para no mojarme, pero, claro, no contaba con que la puerta estuviera cerrada —contestó sonriendo de repente. Aquello hizo que su cara se tornara de lo más adorable, aunque tenía todo el maquillaje corrido y le caían gotas de lluvia de la nariz.

Además, seguía acariciando a la perra.

Y Cleo seguía dejándose.

Joe se sentó en el suelo porque aquella mujer no parecía tener intención de levantarse.

—¿Quiere que llame a un médico? —le preguntó intentando no fijarse en la camiseta y en los vaqueros que se pegaba a sus largas piernas.

—No, de verdad, estoy bien —contestó sonriendo—. Soy _______ Montgomery —añadió tendiéndote la mano mojada y llena de pelos de Cleo, que se quedó consternada sin mimos.

Joe la aceptó y se dio cuenta de que tenía los dedos helados.

—Yo soy Joseph Jonas. Está usted helada —dijo reteniéndole la mano.

—Y usted es el hermano de Annie que peor fama tiene.

—Sí, soy su hermano, pero lo otro habría que discutirlo —dijo. «Sobre todo, últimamente», pensó. Aquella vida de monje que llevaba no era aceptante.

________ retiró la mano e intentó levantarse.

—He oído cosas sobre usted coma para que se te pongan los pelos de punta. Me lo imaginaba diferente.

¿Se lo imaginaba? Joe se dirigió a la trastienda en busca de una toalla. Quería alejarse de la tentación. Excitación sexual, la emoción de la conquista, el descubrimiento. Ya estaba empezando a sentir el calor de todo aquello. Después de tantos años satisfaciendo sus instintos más básicos, solía actuar por instinto. Seducía a las mujeres sin ni siquiera proponérselo, como si fuera con el piloto automático.

Que una mujer hablara de manera tan natural sobre la fama que tenía, la hacía objeto de una demostración de primera mano de por qué tenía semejante fama. Pero estaba buscando una novia para casarse, no una mujer para llevársela a la cama. Por eso, tenía que ir más despacio de lo que le hubiera gustado.

—¿Cómo me imaginaba? —preguntó sin poder evitarlo. «¿Y quién te ha hablado de mí?», añadió para sí mismo.

—No sé —contestó ella poniéndose en pie—. Tal vez, con pelo largo, como los modelos. Con cadenas de oro, en plan gigoló.

—Tome —le dijo dándole la toalla y pensando que aquella descripción era absurda.

—¿No se habrá ofendido? —preguntó ella secándose la cara y el cuello.

—No, más bien me divierte. Y me provoca curiosidad —declaró. Ninguna de las mujeres con las que había estado habría dicho que tenía pinta de gigoló. Macho, viril, pero gigoló...

—. ¿Quién le ha hablado de mí? —preguntó intrigado.

—Sobre todo, su hermana.

A Joe casi le dio un pasmo.

—¿Annie?

Aquello no era divertido en absoluto.

—Si, su hermana lo quiere mucho y está muy orgullosa de usted, pero dice que tiene una conducta reprobable.

—¿Annie le dijo que llevaba cadenas de oro? —_______ se rió. Tenía una risa bonita... natural, cálida. Cleo la miró confundida y emitió un agudo aullido—. No, eso es de mi cosecha. Annie solo me dijo que las mujeres lo encontraban irresistible y que ligaba mucho.

Joe asintió. Tanto mujeres como hombres leían su columna y le enviaban cartas de apoyo. Conocía a las mujeres perfectamente.

Precisamente por eso, sus columnas semanales tenían tanto éxito. Le encantaba que nadie supiera que las escribía él. El anonimato le había ido muy bien porque, de lo contrario, suponía que muchas mujeres habrían ido tras él. Ya era suficiente con que supieran la fama que tenía. Si se enteraran de que era el experto en amor...

—También me han hablado de usted otras mujeres.

Aquello hizo que Joe volviera a la tierra.

—¿De verdad?

________ se sacudió el pelo sin darse cuenta de que se le transparentaba el pecho. Joe conseguía mirarla a la cara la mayor parte del tiempo, pero era humano. Y hombre. Ambas cosas unidas hacían imposible que no viera los pezones en punta. No podía evitar mirar de vez en cuando.

—Es usted un viajero —comentó ________ con fanfarria—, el extraordinario amante, el trofeo que toda mujer quiere.

Su tono de broma le gustó. No sabía si estaba siendo sincera o se estaba riendo de él, pero lo hacía de tal manera que cualquiera de las dos opciones le parecía bien. No estaba acostumbrado a que una mujer se le aproximará así.

Se apoyó en la puerta con Cleo a mi lado.

—¿Todas?

Ella sonrió de nuevo.

—Desde luego. Yo misma estoy a punto de desmayarme de tenerlo enfrente. Las vibraciones sexuales pueden conmigo. ¿Por qué cree que he estado tanto tiempo sin poderme levantar del suelo?

—¿Porque se ha estampado contra la puerta, por ejemplo? —preguntó Joe disimulando una sonrisa.

—Al contrario. Abrí los ojos...

—Un ojo.

—... y lo vi y el mundo se me estremeció. Estaba demasiado mareada como para sentarme.

Aquellos ojos tan bonitos, los dos, doble impacto, parpadearon y Max se quedó tan noqueado que no supo si lo estaba diciendo en serio o en broma.

Maddie comenzó a secarse la camiseta, se miró y gritó sorprendida.

—¡Madre mía! —exclamó tapándose con la toalla y mirando a Joe—. ¡Ya me podría haber dicho algo!

—¿De qué? —preguntó Joe haciéndose el loco.

—¡De que se me transparenta todo!

—A mí no me importa —contestó él encogiéndose de hombros.

________ maldijo, se dio la vuelta y se ató la toalla tipo pareo. Cleo se puso a ladrar.

—¿Ve? La perra está de acuerdo conmigo. A pesar de la fama que tiene, debería haberse mostrado más caballero y haberme dicho que lo estaba enseñando todo.

—En realidad —explicó Joe—, Cleo odia que le den la espalda. Desconfía de quien lo hace.

—Ah —dijo ________ mirando a la perra—. Lo siento, pequeña, pero Max se ha portado mal no diciéndome nada —¿le estaba pidiendo perdón a su perra? Cleo gruñó—. ¡Aja! Es obvio que está de acuerdo conmigo en que es usted un maleducado.

—¿Porque no le he dicho que se le transparentaba el pecho? —increpó Joe mirándola a ver si se sonrojaba. Ni por asomo.

—Exactamente. Me lo tendría que haber dicho. Un caballero siempre informa a una dama cuando su pudor se ve amenazado. Desde luego, vista su conducta, no es usted un caballero.

—Bien —dijo Joe mirándole el trasero—. Tiene un roto.

—¿Cómo? —dijo ella parpadeando y mirándose por encima del hombro—. ¿Se me han roto…?

—Tiene un roto en medio del trasero. Se le ven las bragas, que van a juego del sujetador. Un conjunto muy mono, por cierto —Joe vio cómo se tapaba, pero tenía un trasero generoso y no eran suficientes las manos—. Soy todo un caballero.

________ fue de espaldas hacia una silla y se sentó.

—Supongo que no tendrá otra toalla.

—No. Lo único que puedo hacer es ofrecerle mi camisa.

Ella volvió a mostrar aquella sonrisa entrañable.

—Supongo que tendré que aceptarla, pero todavía no me hace falta. Aún no tengo lo que he venido a buscar.

—¿Qué es? —preguntó Joe sentándose enfrente. Fuera seguía la tormenta, la lluvia azotaba las ventanas y en el cielo oscuro brillaban los relámpagos.

Las luces de la tienda parpadearon y los tres ocupantes miraron hacia arriba para ver si se iban. No se fueron, pero la perra se colocó nerviosa junto a su amo.

Joe la acarició ausente mientras observaba a ________. Era realmente mona, aunque al principio no se lo había parecido. Además, le estaba gustando hablar con ella. Lo que le decía, lo estaban tomando por sorpresa... aunque jamás lo admitiría.

Todo se estaba desarrollando estupendamente.

—Annie me ha hablado de Alternativas satisfactorias al coito —comentó _________ rompiendo la magia del momento. Joe casi se cayó de la silla. Se levantó y comenzó a secar a ________, sin poderse creer lo que había dicho su hermana pequeña, que se iba a casar en breve. Su reacción sorprendió a Cleo, que aulló como un lobo hambriento—. Ahora veo de dónde lo ha sacado —Joe se preguntó si estaría en lo cierto, pero no se relajó en absoluto. ________ sacudió la cabeza y suspiró—. Obviamente, usted no tiene ni idea de ello.

—¡Ja! ¡Sé mucho del tema! —exclamó. Si no hubiera jurado que no iba a volver a tener relaciones sexuales puntuales, se lo habría demostrado allí mismo.

—No —dijo ________ muy convencida—. No tiene ni idea.

Joe sintió el calor que le subía por el cuello. Se sintió retado.

—Le puedo decir unas cuantas alternativas —dijo en tono amenazador y prometedor a la vez—. En cuanto a lo satisfactorias que sea, eso depende...

Maddie se rió.

—Cálmese —dijo. Cleo se sentó—. Al menos, la perra obedece.

—Sólo cuando le da la gana, que no suele ser muy a menudo —puntualizó Max deseando ahogarla—. Nunca obedece a las mujeres. Las detesta.

—No parece que me deteste.

—Ya lo veo. Es raro.

Maddie se inclinó hacia delante con ojos burlones.

—Es un libro, Joe.

—¿Qué es un libro?

Tenías las pestañas y el cuello mojados. Olía bien. Fuera hacía frío y él estaba dentro con una mujer sensual. Sintió que se le tensaban los músculos. Era bromista, sincera y divertida... y le gustaba Cleo.

La deseaba, maldición, pero le había hecho aquella estúpida promesa a su perra.

—Trabajo en el centro de mujeres —explicó ________—. Doy clases y soy consejera de varios grupos. Uno de los problemas que teníamos eran los embarazos no deseados, pero uno de los grupos que tengo ahora tiene más problemas. Se lo dije a Annie y ella me encargó un libro del que había oído hablar.

Joe comprendió por qué tenía esa empatía con los demás y ese aire de experta, por eso había entendido rápidamente a Cleo. Una mujer interesante.

Interesante también su propia reacción. Nunca le había gustado una mujer así, de repente. Y, además, había sentido por ella un respeto instantáneo.

Entonces, lo entendió.

Alternativas satisfactorias al coito —dijo sentándose de nuevo.

—Sí, ese es el título —aclaró ella haciendo un esfuerzo para no reírse de él otra vez. Joe agradeció que se mordiera los labios para no hacerlo. Aunque, por otra parte, también le hubiera gustado oírla reír—. Annie me dejó un mensaje la semana pasada diciéndome que el libro ya estaba aquí, pero no he tenido tiempo de pasarme antes.

Joe seguía mirándola y se preguntaba por qué una mujer tan atractiva e inteligente necesitaría un libro para saber ese tipo de cosas. Debía de tener, más o menos, veintiséis años. Edad suficiente para saber unas cuantas alternativas. Pero si él había inventado algunas siendo solo un adolescente.

—¿Así que quiere ese libro para... investigar?

—Más bien de referencia. Prefiero tener datos contrastados antes de dar información o recomendaciones. Además, lo que pueda aprender del libro me ayudará a resultar más creíble en ciertas situaciones. Aunque tengo una licenciatura de cuatro años, dos años de especialización y dos años de experiencia laboral, me siguen considerando una novata.

—¿No sería más fácil que las mujeres la creyeran si lo que les dice estuviera fundamentado en... la experiencia? —preguntó Joe fascinado.

Joe tenía la esperanza de que le explicara si hablaba así por experiencia o por presunción. Con las mujeres, nunca se sabía y ya hacía tiempo que no daba nada por sentado con una mujer.

—¡Me parece una idea estupenda! Muchas gracias por ofrecerse —le dijo ella haciendo que la cuestión le explotara en la cara.

—Pero... ¿ofrecerme para qué?

—Para hablar con las mujeres, por supuesto —contestó ella inclinándose hacia delante como para crear cierta complicidad—. Seguro que consigue reclamar su atención.

Joe se echó hacia atrás.

—No.

—¿Se niega?

—¡Sí!

—¿Y para qué me da ese consejo? —lo increpó Maddie frunciendo el ceño.

Joe miró a Cleo, que le devolvió la mirada. Era raro, pero la perra estaba callada. Max se aclaró la garganta.

—Me refería a que se lo contara usted.

—¿Usted me lo cuenta a mí y yo se lo cuento a ellas?

Joe supuso que aquello contestaba a su pregunta sobre la experiencia de aquella mujer. Tal vez. No estaba muy seguro. Cada vez, sentía más curiosidad.

—Me encantaría... hablar de esas cosas con usted.

—Bueno, me lo pensaré. ¿Se le ocurre dónde lo habrá dejado Annie?

—¿Qué?

—Le cuesta seguir una conversación, ¿verdad?—le dijo exasperada.

—Normalmente, no —contestó él. De hecho, normalmente solía ser él quien llevaba las riendas de las conversaciones. No le gustaba mucho que fuera al revés.

—¿Qué va a ser? El libro, que es para lo que me he calado —contestó ella tamborileando con los dedos en el brazo de la silla.

—Voy a ver —indicó él agradeciendo la oportunidad de recomponerse. En ese momento, oyeron otro trueno y las luces se fueron. Joe se volvió a sentar—. No, creo que no va a poder ser.

Estaban completamente a oscuras. Aunque el cielo estaba gris, solo era media tarde y todavía entraba algo de luz entre las nubes. De vez en cuando, veían algún relámpago, pero todos los aparatos habían dejado de emitir ruido. Ni las lámparas, ni el aire acondicionado, ni la pequeña nevera de la trastienda. Silencio completo.

Cleo aulló y se subió al regazo de Joe. No era precisamente pequeña y, además, le sobraban unos kilos. Se le metieron pelos en la nariz y en los ojos y sintió un tremendo picor en la garganta.

Joe la agarró al vuelo, pero, del impulso, los dos se fueron al suelo.

—Le dan miedo las tormentas. Por eso la he traído hoy conmigo. También le da miedo la oscuridad—explicó Joe.

Esperaba que la mujer criticara a la perra, pero, en vez de eso, se arrodilló junto al animal, golpeando al dueño en la cara al hacerlo.

—Pobre perrita. No pasa nada —la consoló. Cleo se puso a gruñir y a ladrar, pero _________ siguió acariciándola.

Aquella comprensión lo seducía. Joe olió de nuevo aquel aroma que desprendía. Mujer y lluvia. Carraspeó y se preguntó si no estaría perdido.

_________ se puso en pie.

—Voy a cerrar la puerta con llave. No es buena idea dejarla abierta durante un apagón.

Obviamente, se había olvidado de que tenía los pantalones rotos y Joe pudo apreciar de nuevo aquellas braguitas de encaje rosa. Cualquier otra persona habría estado ridícula con el pelo mojado y una toalla enrollada alrededor del cuerpo, pero ella estaba de lo más atractiva. Con soltura, porque conocía bien la tienda, ________ llegó a la puerta, la cerró y puso el cartel de cerrado.

Cuando se dio la vuelta, tenía una expresión extraña en la cara. Vio en su mirada una mezcla de anticipación, recelo y hambre. Sí, definitivamente, era hambre. Qué raro.

—Supongo —murmuró sin dejar de mirarlo—, que deberíamos irnos.

Joe asintió y se sentó con Cleo en el regazo.

—Sí, tengo que llevarla a casa. Allí estará mejor.

________ se mordió el labio inferior.

—Lo que pasa es que he venido hasta aquí en autobús y...

—No le apetece tener que esperar en la parada con todo a oscuras.

________ asintió.

—No se olvide de que llevo una toalla alrededor y los pantalones rotos. ¿Le importaría mucho llevarme?

Seguía teniendo aquella mirada y Joe sintió más que curiosidad. No podía dejar que se fuera. Todavía, no.

—No hay ningún problema.

Tal vez, en el camino pudiera descubrir algo más sobre ella. Por ejemplo, si sería una buena esposa.

—Gracias —contestó ella con una gran sonrisa.

—El libro...

—No creo que lo podamos encontrar ahora. A no ser que sepa exactamente dónde lo ha dejado Annie...

—No, me temo que no —contestó él sintiendo baba de perro por el cuello. ¿Por qué se tenía que poner a babear Cleo cuando estaba nerviosa? Siempre estaba nerviosa. Por eso, él se había hecho el firme propósito de darle un hogar estable, para enseñarle el lado bueno de la vida.

Joe la abrazó y vio que _________ sonreía al verlo.

—Ya vendré mañana cuando esté Annie —dijo con una voz tan suave que lo hizo tensarse.

—Puede que Annie no esté mañana —señaló él poniéndose en pie e intentando ignorar que se le había acelerado el pulso—. Me estoy ocupando yo de la tienda mientras Nick y ella ultiman los preparativos de la boda.

________ frunció el ceño y luego sonrió.

—Es verdad. Se va a casar, ¿no? Es maravilloso. Nick está muy bueno —añadió en un susurro.

Joe se sintió molesto por dos cosas. Por que dijera un piropo sobre otro hombre y por cómo lo había dicho.

—Se casan porque se quieren.

—Claro.

Joe la miró fijamente.

—No parece creerlo y no se molesta en esconderlo.

________ se encogió de hombros y volvió a sonreír.

—Estoy segura de que serán muy felices. Lo que pasa es que no creo en el matrimonio.

—¿Le importaría decirme por qué? —preguntó Joe descorazonado.

—Por supuesto que se lo diré, pero, mejor, en el coche —contestó dándose la vuelta. Obviamente, se había vuelto a olvidar del roto del pantalón, pero él, no. Rezó para que no dijera en serio lo del matrimonio porque, de lo contrario, iba a tener que mirarla y controlar su lujuria.
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por yolanda el Sáb Dic 26, 2009 10:14 pm

has vuelto siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil has visto mi nobe flower
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por yolanda el Sáb Ene 30, 2010 11:36 pm

[wow]Estoy esperando que alguien entre y escriba no se para que hice el foro mi primer foro y nadie comenta joeeeeee ayudame[/wow]
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por isajonasbieberkaulitz el Lun Abr 12, 2010 12:00 am

sigue!!!!!!!!!!! me enknta!!!!!!!!!! lol! cheers Exclamation
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por Nina el Dom Ago 08, 2010 12:28 am

new reader y fiel PLEASE SIGUELA
ME ENKNTA!! TNGO K ZABR K VA A PAZAR EN EL PRÓXIMO CAP!!
PON CAP PON CAP!!
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rock Re: Un Trío Muy Especial (Joe & Tu) [Mayores]

Mensaje por Giseel el Lun Ago 09, 2010 5:00 am

nuueva lectooraa!!
sigueelaaa liindoo kaap!!
YY largoo!! xD''
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